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Lee Ryan, el autografo de mi vida
Tras la gruesa puerta de metal se escondía el mayor manjar jamás soñado por un mí. Mientras el encargado de seguridad me manoseaba, como su deber corresponde, me asaltaba la duda de si se habría dado cuenta de mi potente y extraordinadira erección. Mientras esperaba el término de la sesión de reconocimiento, contemplaba estupefacto la entrada al camerino: su camerino, y recordaba lo vivido en la última hora y media. Fue un tiempo de placer y excitación. En primera fila de un multitudinario concierto. Tenía plena visión de la silueta más hermosa de la Tierra, con su sonrisa, su mirada y sus sinuosos movimientos. Sus serpenteantes caderas, sus tonificados brazos, sus esbeltos, lisos y musculosos muslos y su marcado pecho, bailando al ritmo de su impresionante voz y su cadenciosa danza. Su cuerpo, de medidas perfectas, acompañado de un largo pelo rubio y unos increíbles y fulgurantes ojos claros. Gotas de sudor impregnaban su cuerpo, haciendo que sus muslos resplandecieran aún más ante las vigorosas luces de la gran cámara del espectáculo. Miles de niñatas, a buen seguro, cientos de pezones endurecidos, estaban atónitas y pletóricas ante el espectáculo que Lee, y todo el grupo Blue, daba aquella noche a todos sus fans y simpatizantes. Una casualidad del destino, una elección fortuita, hizo que fuera elegida mi persona para visitar a la estrella en su camerino personal, hecho que ocurrió ante las desafiantes miradas de envidia del resto de los presentes. Allí estaba yo, a punto de conocerlo en persona, a un paso de la estrecha visión de su hermoso cuerpo y de la escucha de su increíble voz dirigida directamente a mí afortunada efigie. Entré. Allí estaba el: sobre una tumbona, haciendo ejercicios abdominales... Vestía una sencilla camisa con cierto escote y muy apretada. Y unos cortísimos pantalones blancos fijados a su resplandeciente piel. Ante mí podía contemplar la cara posterior de sus inmensos muslos y adivinaba el comienzo de su culito respingón. Durante unos segundos más observé los acompasados movimientos de Lee enseñándome una y otra vez su espectacular busto. Cuando advirtió al fin mi presencia, se levantó súbitamente quedando durante unos instantes en posición de perfil. De esta manera, pude acatarme mejor del tamaño de su paquete y de su imponente figura: su culito y sus tensados muslos Se viró hacia mí con su dulce sonrisa y aún me cautivó más. Seguía avanzando con pasos firme, dejándome ver los movimientos de sus caderas, para sorpresa de mi durísimo miembro. Pero, cuando tan solo quedaba un metro para que alcanzara mi posición, se frena en seco, deja de sonreír, y en pocos segundos, su cara se convierte en el espejo de la sorpresa. Se había quedado mirando fijamente por debajo de mi cintura. Sin duda, se había sobresaltado ante la visión del enorme paquete alojado bajo mis prietos vaqueros. Paulatinamente, su cara de sorpresa cambió por una de lujuria y de curiosidad. Levanta su cabeza, apunta a mis pantalones con
su inocente dedo índice y pregunta: Se acercó un poco más a mí, lo suficiente como para ver claramente que su paquete había crecido bajo ese pantalón. Mi excitación era máxima y mi cabeza estaba a un paso del delirio. No pude articular palabra alguna para contestarle. Pero no hizo falta. El continuó: - ¿Soy yo la causa? Entonces, sin dejarme responder, comenzó a acariciarse el pecho sobre la camisa, tocándose sus inhiestos pezones y apretándose sus sugerentes pechos. Ambos sobresalían más allá de sus manos. Continuó bajando éstas por su duro y estilizado abdomen, acariciando su propia piel con gran dulzura y sensualidad. Luego, llevó sus manos a sus adorables y atléticos muslos, efectuando caricias con gran dulzura y elevando su propia libido gradualmente. Poco después, depositó su mano derecha sobre su entrepierna. Fue así cuando mi estómago casi da un vuelco, y cuando mi pene alcanzó su máxima excitación: estaba viendo como el chico más codiciado del planeta se tocaba su polla sobre el pantalón. Mi cerebro no aguantó más, y mis pantalones ya no podían contenerse. Me bajé los pantalones y dejé a su vista mi impresionante paquete y mis también atléticas piernas, libres completamente de vello. La reacción de Lee fue increíble: primero, quedo pasmado, pero enseguida hizo lo mismo que yo: se quitó los pantalones, pero a diferencia mía... ¡no llevaba ropa interior! La visión fue lo más sugerente que había visto ante entonces: imaginároslo ahí de pie, con las piernas ligeramente separadas y vestido únicamente con un pantalón. Sólo tuve tiempo de imitarlo, dejando al descubierto mi monumental miembro viril: 22 centímetros de largo y 18 cms de perímetro. Completamente erguido, mi cerebro se decantó por dejar el pensamiento a mis gónadas: me acerqué a el, lo tomé de su durísimo y al mismo tiempo, suave culo, lo pegué a mí y le introduje mi lengua en su boca, mientras lo empotraba contra la pared de la entrada. Mientras, sentía su pecho, aún sin liberar, cerca de mi cuello. Sus gemidos eran intensos y el placer era inevitable. Yo le di la vuelta y culeé con fuerza e intensidad, introduciendo mi falo rítmicamente en su su culo. Durante veinte minutos, permanecimos en aquella posición hasta que mi polla descargó su munición espesa y caliente sobre el culo de un Lee absolutamente húmedo, de fuertes, anchas e inquietas caderas. Extasiado, retiré mi polla de su culo, dejándolo en pie, con mi pene creciendo de nuevo sobre su espalda. Salvajemente, besé sus redondos y enormes pechos. Los atrapé, los chupé, los sobé y los mordí sin descanso mientras el tocaba mi cuerpo y me masturbada. Lo elevé de nuevo del suelo, esta vez sobre mis brazos, dándome cuenta de su culo envuelto en semen y flujo. Lo trasporté a la tumbona donde lo había hallado al principio y procedí a secarle su culito con la lengua, mientras el hacía lo propio con mi todavía duro y enhiesto pene. Me sobaba el culo mientras se metía el falo hasta lo más profundo de su tierna y valoradísima garganta. Yo le metía mi lengua en su culo. Durante diez minutos estuvimos con nuestras pollas en las bocas de los otros, hasta llegar a corrernos los dos a la vez tragando nuestras respectivas descargas. Descansamos abrazados los dos en la tumbona cuando llamaron a la puerta, eran los otros miembros de Blue, los dos nos vestimos rápido, me firmó un autógrafo, nos hicimos unas fotos me plantó un beso en la boca, abrió la puerta y mientras yo salía aun flipando, los otros chicos entraron cerraron la puerta y yo me fui a mi casa siendo el mas feliz del mundo. |
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